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Las enagüillas de Rafi

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Nuestras abuelas hacían esas enagüillas y manteles tejidos  a ganchillo o crochet. Llegaba el frío y había que prepararse. El terciopelo, suave y cálido de las enagüillas  nos cubría cuando nos sentábamos a comer y a cenar. Incluso se echaba por la mañana temprano el brasero de picón para el desayuno. La lata vacía de sardinas con sus agujeros y sus asas de alambre y el cartón para darle aire para cuando se levantara el personal que estuviera todo caliente. Los cafés, cola caos y las magdalenas estaban en la mesa donde nos sentábamos alrededor de la mesa.

 —No se te vaya a caer el Cola Cao en las enagüillas que solo tengo dos juegos —nos decían nuestras madres y abuelas que, por las tardes, se ponían a hacer ganchillo en la mesa camilla o a cosernos los pantalones.

Una enagüilla es algo más que la ropa que viste una mesa camilla, es una reunión en familia, son las estampas de otro tiempo y el calor del brasero. Podemos tener acondicionadas nuestras casas pero como las enagüillas nada. En el interior de la mesa camilla era habitual tener un enrejado o una alambrera para colgar la ropa y secarla al calor del brasero. Las alambreras las hacía El Botellines para que el personal no metiera el pie dentro de las brasas.

En los Pedroches hay una empresa que se dedica a hacerlas. Las de pelito han  dado paso a la de “chenilla” que abrigan el doble. Eva Ruiz es una de las responsables de Cortinas Rafi y tiene claro que “vestir la mesa es algo muy bonito mucho más si con las enagüillas te vas a arropar del frío”. Ellos tienen una gran variedad y para ella es “precioso ver como la gente se prepara con sus braseros y mesas camilla”. En nuestra zona el invierno es duro en cuanto a temperaturas se refiere. Por eso tiene su encanto esa estampa con la mesa camilla. Todos recordamos las tertulias y los momentos compartidos alrededor de ella. Rafi invita a todos a que “veamos su gran colección”.

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