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“He vuelto a vivir y me he dado cuenta de que hay muchas cosas por las que ser feliz”

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Laura Frutos Casado es uno de los pocos pacientes en el mundo con cuadro de síndrome de Guillain-Barré y su variante, a la vez, el síndrome Miller-Fisher asociado a COVID-19 y a la vacunación. El primer caso que se da en España. Su caso está siendo estudiado por una revista científica estadounidense. Ella lo ha pasado muy mal teniendo incluso que pasar por la UCI. Durante los días que ha estado en el hospital ha demostrado su espíritu guerrero. Ella dejó de caminar, apenas podía tragar y comer, e incluso hacer movimientos. Está en fase de recuperación. Todo va bien pues ya sueña con hacer un viaje cuando se pueda.

—¿Cómo estás, Laura?

Bien en fase de recuperación. Intentando volver a la normalidad.

—Laura, ¿cuándo empezó todo?

Pues soy positiva en covid el  12 de enero. Lo cogimos todos en casa y lo pasé con síntomas muy leves: dolores musculares y fiebre un día. Dos semanas después, el 25 de enero, me hice la PCR y doy ya negativo. Ahí parecía que volvía la normalidad.

—Pero no volvió la normalidad.

No, todo lo contrario, ahí arrancó la verdadera pesadilla. Yo estaba como voluntaria en el Centro de Alzheimer de Pozoblanco y me ofrecieron ponerme la vacuna al estar en contacto con usuarios. El 5 de febrero por la mañana me puse la vacuna, la primera dosis de Pfizer.

—Y ahí empieza a complicarse todo.

Así es, al otro día comienzo a tener síntomas muy extraños: no era capaz de mantenerme de pie, ni podía vestirme sola, mi voz gangosa, con las cuerdas vocales paralizándose. Fui a Urgencias y esa misma noche me derivaron a Reina Sofía.

—¿Allí te dicen lo que tienes?

Sí, el síndrome Guillain-Barré y su variante a la vez: el síndrome Miller-Fisher. Palabras muy raras que aparecieron en mi vida.

—¿Fue por la covid y la vacuna?

No se sabe a ciencia cierta. Por lo que me han dicho la vacuna potenció posiblemente todo esto. Quizá el síndrome fue consecuencia de los efectos de la covid, y la vacuna lo potenció y ayudó a que fuera más agresivo. No se han dado casos de este tipo en España y muy pocos en el mundo por lo que lo está estudiando una revista científica en Estados Unidos.

—En Reina Sofía fuiste empeorando con el paso de los días.

Así es. Cada día iba peor: dejé de tragar porque tenía el esófago paralizado, dejé moverme en la cama y no oxigenaba bien. El 12 de febrero tuve que ingresar en la UCI.

—¿Te asustaste mucho?

Fue un palo tremendo cuando la doctora me dijo que tenía que entrar en UCI. Ahí me hice preguntas de todo tipo y sobre todo pensé en si realmente me iba a poder poner bien o si por el contrario esto iba a ir más llegar a un punto en el que ya no sería capaz de seguir luchando. Por supuesto respondía bien al oxígeno y fui mejorando. Recuperé las esperanzas.

—¿Ese fue el peor momento que pasaste?

Sí, cuando me desperté un día y vi que mi neuróloga estaba hablando con otro compañero suyo diciendo: «hay que bajarla ya». Entonces me pregunté yo: «¿Y si no salgo? , ¿y si no podré luchar?».

—¿Lloraste?

Yo no, pero por desgracia sí hice que mi madre llorara. Me acuerdo al entrar en la UCI como mi madre me dio la mano. Ella ha sido una guerrera. Mi familia hemos luchado juntos con lo que me ha pasado.

—¿Cómo fueron los días en UCI?

Agotadores porque estaba rodeada de máquinas pitando pero el trato con los enfermeros fe increíble. Yo no paraba allí, moviendo las piernas y animándome. De hecho conseguí andar en la UCI con la ayuda de mi madre.

—Después de cinco días allí, te suben a la planta.

Una alegría. Nadie esperaba que volviera a planta tan pronto pero lo hice. Llegaba mucho mejor. Cogí el andador, luego del brazo de mi madre y luego sola. Empecé a comer un poquito mejor.

—¿Y llegó el día del alta?

El día 25, el día de mi cumpleaños. El mejor regalo que me podrían hacer: volver a mi casa. Un día de reencuentros.

—Has recuperado mucho, ¿verdad?

Sí, mucho aunque todavía tengo que coger fuerza; recuperar totalmente el equilibrio y la vista. Me queda pero cada día estoy más cerca. Los médicos me han dicho que lo voy a recuperar todo.

—¿Qué te han enseñado estos días?

Que hay que vivir. Nunca sabemos lo que nos puede pasar mañana. Da igual la edad, un día se te puede presentar algo y dejarte en una coyuntura en la que no sabes si puedes salir o no de ella. En fin que es muy bonito vivir, que el sol te de en la cara, pasear y tantas cosas por las que disfrutar.  En fin que he vuelto a vivir y me he dado cuenta que hay muchas cosas por las que ser feliz.

—¿Qué te han dicho tus amigas?

Contentas de verme feliz. Lo han pasado mal cuando escuchaban que no estaba bien. Ojalá que ya mismo estemos viviendo nuevas aventuras juntas.

—¿Y tu novio?

Pues figúrate sin poderme ver, con esas noticias en las que estaba mal, en la UCI. Lo ha pasado mal pero ya estamos juntos.

—Tu caso es el primero que sucede en España y de los pocos del mundo, ¿verdad¿

Así es. Están estudiándolo neurólogos internacionales, también la revista científica de Estados Unidos y también en España. Me llaman a casa pues quieren estudiarlo a fondo. Con todos los síntomas que he tenido se han dado no se han dado casos en España y creo que tampoco en el mundo.

—¿Qué le dirías a la gente joven?

Que tenga mucho cuidado con la covid y que piense que todo se puede complicar. Yo no tenía patologías previas ni me había puesto nunca mala y mira lo mal que lo he pasado. Han sido las tres peores semanas de mi vida.

—Mucha suerte y enhorabuena por lo conseguido.

Gracias.

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