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Manolo y la leyenda de los cien años

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«Mi sueño es ver el Centenario del Pozoblanco. Y llegar, y llegar».

Eso nos decía Manolo García Cano la última vez que hablamos con él. Y ha llegado. El Club Deportivo Pozoblanco cumple cien años y Manolo también. Como si el destino hubiera querido que dos historias que caminaron juntas durante tanto tiempo alcanzaran la misma cifra.

Cien años. Se pronuncia deprisa, pero cabe una vida inmensa dentro de ese número.

Manolo ha llegado hasta aquí como las encinas centenarias de nuestra dehesa. Con las raíces agarradas a la tierra, resistiendo los temporales y contemplando cómo cambiaba el mundo a su alrededor. Y lo extraordinario no es solamente haber llegado, sino hacerlo con la memoria viva, recordando al niño que fue, al hombre que trabajó y al pueblo que tanto quiso.

Hay dos frases que resumen su filosofía de vida: «Todos los días pasan cosas maravillosas» y «Tengo pasión por mi pueblo».

Y las dos explican quién es Manolo.

Porque quiso a Pozoblanco escribiendo, investigando, rescatando fotografías y evitando que algunas historias terminaran perdiéndose para siempre. Suyos fueron aquellos primeros libros dedicados al tren y al Club Deportivo Pozoblanco. Fue contando lo que sucedía aquí y allí, casi sin hacer ruido, como hacen las personas que nunca buscan ser más importantes que aquello que cuentan.

Alguien dijo que la verdadera suerte no consiste solamente en estar vivo, sino en poder contarlo. Y Manolo ha tenido esa suerte. La de vivir y la de recordar.

Aunque cumplir cien años también debe tener algo de tristeza. Uno llega muy lejos, pero descubre que muchos de los que comenzaron el viaje se quedaron por el camino. Amigos, familiares, compañeros, voces que ya no volverán a escucharse.

Quizá por eso, a determinada edad, la felicidad consista en dejar de contar lo que falta y empezar a agradecer lo que permanece.

Y Manolo lo agradeció en su cumpleaños, rodeado del cariño de familiares y amigos. Una celebración que fue también un homenaje a un hombre bueno, sencillo, que nunca buscó grandes reconocimientos.

La vida está hecha de recuerdos. Imaginemos cuántos caben en cien años. Cuántos abrazos, cuántas despedidas, cuántos domingos de fútbol, cuántas personas que ya no están. Y, sobre todo, cuántas ganas de seguir viviendo.

«Tengo pasión por mi pueblo». Lo ha repetido durante décadas. Y lo ha demostrado desde su estación, sus libros y su querido Club Deportivo Pozoblanco.

Ahora los dos han llegado a los cien años.

Y hay algo profundamente hermoso en esta historia: Manolo dedicó buena parte de su vida a impedir que su pueblo olvidara a quienes estuvieron antes. Y ahora es él quien se ha convertido en una parte imborrable de la memoria de Pozoblanco.

Felicidades, Manolo. Que sigan pasando cosas maravillosas.

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