
El Ayuntamiento de Barcelona deberá indemnizar o readmitir al cocinero, natural de Pedroche, Manuel Escribano, que fue despedido en el año 2024 tras no poder acreditar un nivel B2 de de catalán. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha estimado parcialmente el recurso del trabajador y concluye que su cese fue un despido improcedente.
El trabajador había participado en un proceso de estabilización de empleo público y fue cesado al no superar la prueba de catalán exigida en la convocatoria, al no contar con el certificado B2.
Manuel, cordobés natural de Pedroche, era el cocinero del área de Alcaldía, y ocupaba una plaza que se creó en la etapa de Jordi Hereu. Luego también trabajó para Xavier Trias, Ada Colau y Jaume Collboni. Hasta que fue despedido.
Sentencia
La sentencia aclara que el trabajador tenía la condición de indefinido no fijo, y que en estos casos la relación laboral solo puede extinguirse legalmente si la plaza se cubre por otra persona que supere el proceso selectivo o si la plaza se amortiza siguiendo los trámites legales. En este caso, ninguna de esas circunstancias se produjo en el momento del cese, ya que nadie obtuvo la plaza y su amortización se acordó un año después.
El tribunal declara el despido improcedente y condena al Ayuntamiento a elegir entre readmitir al trabajador, con abono de los salarios dejados de percibir, o pagarle una indemnización de 58.696,92 euros, descontando la cantidad ya abonada. La sentencia no es firme y puede ser recurrida ante el Tribunal Supremo.
Pese a que la sentencia descarta que su cese fuera discriminatorio por razón de lengua, Manuel Escribano considera que lo ocurrido fue injusto. Tras conocer el fallo, ha explicado a que esperará a ver si el Ayuntamiento de Barcelona decide recurrir la sentencia y que, si no lo hace, estaría “encantado” de volver a su puesto de trabajo, aunque matiza que “primero voy a esperar a ver lo que me ofrecen”.
Debate
Sobre el debate generado en torno a su caso, Manuel señala que entiende que se exija el conocimiento del catalán para trabajar en Cataluña cuando se trata de puestos de atención al público, “pero es que yo estaba solo en la cocina, y mis proveedores todos hablaban en castellano, porque la mayoría eran andaluces”. En su opinión, la exigencia del nivel B2 en su caso concreto fue desproporcionada: “Lo mío lo veo un poco ilógico, y encima pedirme un B2 de catalán, sabiendo que no me daba tiempo de sacarlo, que fue lo que me pasó”.






















